La Santísima Trinidad, Ciclo C

Autor: Padre Pedrojosé Ynaraja

 

 

Yo no sé, mis queridos jóvenes lectores, si habéis reflexionado alguna vez, sobre la evolución de la religiosidad humana. Os lo digo, porque, a veces, se sabe mas de cómo han cambiado los medios de trasporte, que van desde los rodillos empleados para los grandes bloques de las pirámides de Egipto, hasta los modernos aviones de "cargo" que llevan de un extremo a otro del planeta toda clase de materiales, que los cambios antropológicos importantes,  como es el caso de los que se operan en el campo religioso. Es bueno estar instruido en estas cosas, pero mejor saber como ha ido progresando la Fe entre los hombres. Ha habido un gran adelanto en este terreno, conseguido gracias a que Dios tenía la iniciativa y algunos hombres le eran fieles. 

Nuestros más lejanos ancestros, intuyeron en su vivir cotidiano, que algo trascendentemente bueno, verdadero y bello, debía existir. Se manifestaron estas creencias mediante las danzas, los dibujos rupestres y las ofrendas rituales. Se trataba de una religión de contenidos muy sencillos y simples que, a veces, erróneamente, llamamos magia. Progresó la religiosidad debido a que el hombre en su conjunto también progresaba, que crecía su inteligencia, pero, principalmente que tenía la experiencia íntima de fenómenos inexplicables, de consecuencias buenas unas veces, adversas otras. Se tuvo en cuenta, en la vida práctica, a la divinidad o a las divinidades. Algo es algo, que decimos.  

Hubo un hombre que se arriesgó a aceptar a un Ser personal y hacerse su amigo, se llamaba Abraham. Creyó valientemente en el Dios Yahvé, aunque pensase que existían otros dioses. Su descendencia fue avanzando. La primera lectura de hoy nos presenta a la sabiduría divina como una persona, es un ejemplo de este progreso. No fue hasta la llegada de Jesús, cuando Dios en persona, hecho individuo físico, aterrizó en nuestro planeta, cuando acampó entre nosotros y pudimos acercarnos a la Divinidad y, a través del Hijo, repito: hecho nuestro compañero y deseando ser nuestro amigo íntimo, cuando empezamos a saber algo más lo que era Dios, sin perder Él su aureola real de misterio. 

Jesús, Dios-hombre, se hizo confidente nuestro. Vosotros sabéis, mis queridos jóvenes lectores, que tenéis un amigo auténtico, alguien enamorado de vosotros, si os ha contado algo que nadie lo sabía. Explicar un secreto es una de las pruebas de la amistad. Si alguna chica me lee, y ha pasado por lo que explicaré, me entenderá muy bien. Si se encuentra un día con alguna compañera que le pregunta qué es lo que le pasa, ya que observa algo extraño en ella, es posible que le diga: mira, aquel chico del que te había hablado, anoche, me estuvo contando unas cosas... a nadie se lo había dicho hasta entonces, no hago más que pensar en ello y no me lo puedo quitar de la cabeza. ¡Estaba tan emocionado él, cuando juntos y apretados estábamos, mientras me lo contaba...! Y lo que a la muchacha le decía no era solo que la amaba, le explicaba cosas de su vida, de su familia, de sus proyectos. Le podía decir que quería ser piloto de un A380 y ella no saber de que se trataba, la emoción que sentía mientras se lo contaba, era suficiente para merecer su confianza. En el amor ¡hay, o debe haber, tantas confidencias! ¡Hay tanto misterio y recuerdos íntimos, que uno no comprendió, ni llegará nunca a comprender! 

Algo semejante es lo que pasa con Dios. Hemos conocido las aventuras del Hijo en la tierra y en la historia. Nos ha hablado Él de unos seres espirituales, compañeros-servidores, los ángeles, nos ha explicado que algunos traicionaron y contado también su desgraciada existencia, nos ha desvelado realidades ilocalizables: cielo e infierno... ¡tantas cosas nos ha descubierto! Hasta ha pretendido que supiéramos un poco como era en su más profunda realidad. Al Padre-Dios le podemos llamar Abbá, decía, como si, utilizando nuestro lenguaje, nos dijera podéis llamarle papá, papaíto o papito. Nos ha explicado que vendría a nosotros el Espíritu. Que era fortaleza, que nos podía comunicar fortaleza, ingenio, ensueño y amor sublime ¡tantas cosas nos ha contado! Y nosotros a veces, como tontos, tratando de saber lo que significan, tratando de entender a Dios! ¿Alguien se preocupa de saber la composición química de los huesos de una persona que acaba de conocer y que va a ser su protector y compañero? Lo que le interesa es saber algunos detalles de sus costumbres, de su temperamento, para no meter la pata, para no ofenderle. Lo que interesa es poder seguir encontrándose y tratándose, para que su compañía nos enriquezca. 

Hay un instinto, iba a decir genético, pero no me atrevo a afirmarlo, a recordar a las personas mediante imágenes, mediante signos. Antiguamente fueron dibujos en las paredes, luego estatuas, ahora metéis en vuestro móvil (o celular), una fotografía y un número para poder localizar a quien os interesa continuar manteniendo contacto. Algo semejante ocurre con Dios. Y puesto que Jesús nos ha dicho que es Trinidad, se ha pretendido, de alguna manera, dibujarlo. Tengo unos iconos de Etiopía, donde aparece como tres solemnes y bondadosos abuelos. No es correcta, es aburrida y parece que sean tres cromos repetidos. La más tradicional, en el mundo occidental es un Señor-anciano junto al Hijo, en la cruz o con la cruz, a otro lado una paloma (en algunas ocasiones es un chico joven, en otra, una sola, que yo sepa, en Alemania, una chica joven y en otra que conozco, un joven, ni masculino ni femenino. Ahora se ha puesto de moda un icono, los ejemplares mas conocidos son reproducciones del que pintó el artista-místico ruso Andrei Rublev. En la tradición oriental, se cree que la aparición a Abraham, en Mambré, en figura de tres ángeles, o de un solo Señor, en alguna frase, fue un anticipo de la revelación de la Trinidad. Esta pintura es extraordinariamente bella, que necesita que un buen iconógrafo nos la explique, para desentrañar un poco su contenido. 

Imaginaos como queráis a Dios. Lo importante es que tengamos presente que nos ama, que es Padrecito nuestro, Hermano mayor y Fuego de amor y pasión valiente. Y después de imaginarlo, que sintamos por Él reverencia, confianza y lealtad, Amor. 

Os lo recuerdo: nuestra actualidad tiende a tener múltiples amistades débiles. Muchos amigos, que resultan ser simples compañeros. Y nosotros necesitamos algo de mas calibre. No desesperéis cuando sufráis derrota o decepción. Descubrid en este sentimiento la necesidad de la oración, de la intimidad con Dios.