En la espera del nuevo Pontífice. Impactantes palabras.
"Siempre he sabido que en aquella barca está el Señor y que la barca de la
Iglesia no es mía..., que es suya y no la deja hundirse" (Benedicto XVI). Eso
explica su serenidad admirable, y la nuestra en la espera del nuevo
Pontífice, seguros, como el Papa emérito, de que es el Señor quien conduce
a su Iglesia, "ciertamente también a través de hombres que ha elegido,
porque así lo ha querido". Dios no elige a nuestro modo, en su designio no
están siempre los mejores, y muchas veces se sirve de los más humildes
para las obras más grandes. Lo que le importa es la docilidad del alma. Este
conocimiento aporta mucha paz y esperanza, y decimos con el Papa
emérito: le "prometo reverencia y obediencia incondicionales". Sí, aun sin
conocerlo. El Papa Benedicto fue también un Padre tierno: " He querido a
todos y a cada uno, sin distinción, con aquella caridad pastoral que da el
corazón de Pastor, sobre todo de Obispo de Roma, de Sucesor del Apóstol
Pedro". Como digo a mis hijos, qué sabias estas palabras suyas: " He
pedido a Dios con insistencia en la oración que me ilumine con su luz para
hacerme tomar la decisión más justa", y con cuánta dignidad se retira: "No
vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos,
conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que quedo de modo
nuevo ante el Señor crucificado".
Josefa Romo